Beatriz y los cuerpos celestes

A 36,000 kilómetros de la tierra se halla una órbita geoestacionaria, fija a la atmósfera porque se mueve a la misma velocidad de la Tierra: la Órbita Cementerio, como se denomina a aquella a la que se envían los satélites cuando pierden su vida útil. Lo anterior lo escribe Lucía Etxebarria, en su libro "Beatriz y los cuerpos celestes". Y pide que tratemos de imaginar la soledad de esos satélites, abandonados por aquellos a los que una vez sirvieron; para que así, entendamos como se siente Bea (uno de sus personajes). "Órbita cementerio, Soledad orbital."

Etxebarria, supone que todos, en el fondo, sentimos lo mismo, puesto que al fin y al cabo venimos de lo mismo: hidrógeno, helio, oxígeno, metano, argón... etc. Energía y moléculas es vida. Amor y frustración igual a celos. Mujeres que son mundos en sí mismas. Mundos todas nosotras, planetas que orbitamos en torno a una fuente básica de energía: el afecto, o su carencia. Órbita cementerio.

Si lo anterior es cierto, a todas nosotras nos resulta o nos resultará (en el curso de nuestras vidas) increíble, que en toda una extensión de treinta mil años luz el resplandor que emite una persona fuese (o sea) lo más importante para nosotras. Nos resulta (o resultó, o resultará) alucinante, que en esa persona se concentrase el universo entero.

"...Pero la cosa no se reducía a un término tan simple como que a mí me gustaran o no las mujeres. Me gustaba ella. Ella, sólo ella, reconocible en medio de este monstruoso criptograma cuántico que es el universo..."

Y más increíble y alucinante es saber que la luz de las estrellas más distantes tiene una peculiaridad: cuando nos llega, ha podido tardar en el viaje hasta miles de millones de años y entonces estamos viendo la estrella como era hace milenios. Entonces resulta que la luz que nos alumbra o alumbró es la de una estrella muerta.

"En el mundo hay millones de parejas que han ido forjando su relación a base de mucha voluntad y de pequeñas renuncias compartidas. Hay millones de seres que no exigen a la persona que está a su lado un cien por cien de su compatibilidad y de gustos comunes. Es el ansia de perfección la que asesina los afectos, la sed de absoluto, el miedo a la costumbre, la perenne nostalgia de imposibles, la negativa constante a aceptarnos como somos y a aceptar a los demás por lo que son..."

Beatriz y los cuerpos celestes
Lucía Etxebarria
Ediciones Destino
1998. Barcelona, España.