|
Jessica
Piedras
Fue esa
niña que se hizo un nudo en el ombligo y pedía aire para respirar
mientras veía a su madre desangrarse, fue esa niña que observaba
a su padre en sueños y salía en bicicleta por el mundo, ahora escritora
catártica (dijo de broma una tarde lluviosa), mujer adolescente,
que se empeña en sólo ser mujer, que se empeña en ser escritora
y no ser catártica, y no estar entre lo blanco y lo negro, mujer
que se empeña en ser eso, y dejar de ser esa niña, de ser feto,
de ser vivencial y ser escritora, sólo eso, escritora.
Jessica Piedras, la que describe, la que habla de algo que se empeña
en decir que no es suyo, la que sueña pesadillas ajenas y plasma
las propias, la que confunde lágrimas encharcadas con huracanes
urbanos, la que simplemente transmite lo que observa, siente, escucha,
saborea y huele. Sólo soy ese alguien con las botas azules de medio
número más grande y calcetas blancas y deportivas, sólo soy ese
alguien que camina con la mirada en el suelo, ese alguien que recuerda
y que calla, que no sabe hablar y que sólo pide un beso dulce antes
de partir, sólo soy ese alguien enferma de asma y que llora cuando
siente que el aire se le termina, ese alguien que camina sin hora
fija por el centro, por calles oscuras y metros repletos, ese alguien
con perforaciones en el ombligo y en la ceja, ese alguien que supo
descifrar tu mirada, ingenua, virginal, que camina con audífonos
perpetuos y escucha música imaginando su vida como película de Almodóvar,
ese alguien que observa todo a través de lentes azules, ese alguien
que soy yo, que fui prematura de seis meses, que soy tan nativa
de Atayahualpa, que mi lengua original es la de casacatúm, que no
recuerdo cuando escribí mi primer metáfora, mi primer símil.
Jessica Piedras, ese alguien que tampoco recuerda cuando abrió los
ojos por vez primera, que no recuerda quien la amamantó, que tenía
la boca tan pequeña que era imposible alimentarla a os ocho meses
de nacida.
Jessica Piedras, ahora mujer terrenal, mujer de arena, mujer salada,
mujer marina, mujer celestial, mujer, mujer, mujer que sólo recuerda,
olvida y recuerda, recuerda que olvida y olvida que alguna vez recordó
su tierra muerta, verde y desaparecida, Atayahualpa. Su primer libro
editado ya espá agotado: Desnuda
que estoy ante vosotros esperando la siguiente reimpresión.
Si quieres alguno de sus libros y no
está en nuestro catálogo, escríbenos.
|